Con el tiempo, mi juego ha evolucionado. He pasado de ser un principiante a un jugador más experimentado. He tomado clases de forma constante, he practicado en la cancha de prácticas y he participado en torneos. Cada uno de estos pasos ha sido fundamental para mi desarrollo como golfista. La dedicación y el esfuerzo han dado sus frutos, y ahora puedo disfrutar del juego de una manera que nunca imaginé.

La evolución de mi juego en el golf.
Si miro hacia atrás, mi forma de jugar al golf no tiene nada que ver con cómo empecé.
Y no hablo solo del swing.
Al principio, como casi todos, pensaba que mejorar en golf era simplemente cuestión de técnica. Practicar más, golpear mejor, repetir hasta que saliera. Y durante un tiempo, funciona.
Empiezas a hacer mejores golpes. La bola vuela más recta. Incluso haces algún hoyo bueno y sales del campo pensando que ya lo tienes.
Pero luego pasa algo. De repente, dejas de mejorar, o peor… empiezas a ser irregular.
Un hoyo increíble. Tres desastrosos. Un golpe perfecto… seguido de otro inexplicable.
Ahí es donde empieza realmente el golf.
Cuando entendí que no era solo el swing.
Hubo un momento en el que me di cuenta de que el problema no era solo técnico.
Sabía lo que tenía que hacer. Había golpes que me salían bien pero no era capaz de repetirlos.
Y eso es frustrante, porque ya no puedes decir que no sabes jugar. Pero tampoco puedes decir que juegas bien.
Estás en ese punto intermedio donde todo depende del día.
El cambio: dejar de buscar el golpe perfecto.
Durante mucho tiempo intenté corregirlo todo. Cada fallo era algo que “arreglar”.
Cada vuelta, una lista nueva de cosas en las que pensar. Hasta que entendí algo:
«Demasiada información también empeora tu juego».
Fue ahí cuando cambié el enfoque. Pasé de intentar hacerlo todo bien…a intentar hacer pocas cosas, pero bien.
«Más simple. Más claro. Más repetible».
La parte que más cuesta: la mente.
Con el tiempo, lo que más ha cambiado en mi juego no es la técnica. Es lo que pasa antes de golpear.
Las dudas, las expectativas, la presión de “este golpe debería salir” y cómo eso influye directamente en el resultado.
Hoy en día, cuando juego bien, no es porque haga un swing perfecto. Es porque llego al golpe con menos ruido en la cabeza.
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